domingo, 19 de diciembre de 2010

Camino del mar



He tardado en pasar por Tower Bridge… y si me arrepiento no es tanto por ver el puente, que tiene su gracia, cuanto por lo que se puede ver por la ribera sur del río camino a Greenwich. La relación de Londres con el mar parece mucho más natural que algunos puertos españoles (entrada y base del Mediterráneo, por ejemplo) en los que sólo recientemente se ha intentado recuperar o construir vínculos que vayan más allá de la temporada veraniega.

No pasa eso en la capital británica y merece la pena disfrutarlo. Quizá en un día gris se puede percibir mejor ese ambiente marino que reflejan las vigas de madera de los malecones, tablones que antes soportaban casas de mala muerte y hoy siguen hundidos en el fango por el peso de las viviendas que sólo en apariencia mantienen ese pasado portuario (los interiores y los precios reflejan claramente que sus dueños tienen una ocupación más respetada).



Los pubs son otra de las cosas más recomendables por la zona cercana a Rotherithe –y aquí se incluye también Wapping, olvidando por un momento esa galería-cafetería moderna-. El hecho de que no tengan televisión dice ya mucho. Sólo conversación, por favor, o vistas al agua o perdidas por un momento… en silencio. Buen ejemplo de que estos “centros sociales” conservan un toque especial que erróneamente se intenta reproducir en el extranjero (léase España) por muy irlandés que sea el nombre.

Hay varios, y todos merecen la pena (algunos tienen historias de ajusticiamiento a la ribera del río), pero me quedo con uno –influencia que no evitaré-... Desde el Mayflower zarparon en 1620 los Padres Fundadores –peregrinos- que, asustados de la podredumbre social que se apoderó de esta tierra, decidieron montar su utopía al otro lado del Atlántico. No puedo imaginar lo que habrían hecho de vivir en la actualidad… Todavía guarda mucho de ese encanto en los espacios reducidos aprovechados al máximo y sus toques marineros en las paredes.

Tendré que volver en verano o primavera, cuando la luz sea otra, y permita mirar con claridad desde su embarcadero a la “tierra prometida” –en dirección opuesta, curiosamente- y recordar, imaginar y disfrutar, saborear con calma…

lunes, 6 de diciembre de 2010

Energy efficiency


Una de las cosas que me llamó la atención la primera vez que estuve buscando piso… (habitación) en Londres, fue un cuadro como el de arriba. El caso que se le hace es inversamente proporcional al número de pisos que se ven. En realidad tampoco aclara mucho. No se comprueba el gasto energético hasta que se hace (los sondeos de opinión pueden desorientar) y llega la factura, elemento tremendamente clarificador.

A falta de experimentar ese mágico momento en el que uno se da cuenta del gasto energético que ha realizado en los meses de big freeze, he podido comprobar que es un tanto peculiar el concepto de ahorro energético que tienen algunas personas en esta tierra.

Simplificando, se podría decir que la forma principal de ahorrar es no encender la calefacción. Un método realmente efectivo. Sin embargo, cuando sólo funciona 4-6 horas al día (de forma alterna) en una época en la que la temperatura no supera los 2 grados es fácil que la casa no sólo no se caliente sino que cada vez haga más frío y requiera a la larga más energía. Intentar arreglarlo poniendo una hora la calefacción en un momento puntual es, simplemente, un desperdicio.

Correr las cortinas es otro de los métodos aconsejados. No está mal pensado. Claro que, si las los cristales tienen el grosor del Sun y las cortinas son de gasa, es probable que el inquilino deba situarse a 4 metros de distancia. Sorprende también que con esa conciencia energética sea una práctica común adornar las ventanas con diferentes rendijas… para ventilar (pero esto da para otro post). Supongo que por eso los orgullosos propietarios destacan en los anuncios que tienen en su casa ventanas de doble cristal.

Es cierto que el sol en estas tierras no luce como en el sur de Europa. No obstante, la persiana suele cumplir una función eficaz como aislante.

Londoncolumn fixes:

El frío tiene un componente psicológico... (hay quien cree que una minichimenea es capaz de calentar una casa de 100 metros cuadrados en dos plantas). Pero si vienes de países cálidos asegúrate de buscar una vivienda en la que no les importa ahorrar en pintas para invertir en calefacción (o ponerla y seguir bebiendo).

lunes, 15 de noviembre de 2010

Little Venice

Resulta curioso lo que pasa con esta zona de Londres. Aunque es casi desconocida por los turistas, supongo que por falta de publicidad, todos los que pasan cierto tiempo en la ciudad y la conocen la recuerdan siempre. Quizá su pintoresquismo, su tranquilidad (nada que ver con el masificado Hyde Park, increíble el número de corredores) y el encanto de su recorrido.

Situada a las espaldas de la estación de Paddington, aunque la estación de Underground es Warwick Avenue, la llamada Little Venice no es más que la unión del Regent’s Canal –abierto en 1820- y el Grand Union Canal –reorganizado un siglo después-. Sin ocupar una gran extensión permite un paseo tranquilo y disfrutar de alguna bebida en el Waterside-Café (una de las numerosas barcas que abundan por el canal que alguien decidió convertir en cafetería) o incluso degustar la comida típica inglesa –sí, existe, cuando tenga más experiencia le dedicaré algunas líneas-.

Nombrada probablemente así por el poeta Robert Browning (s. XIX), la zona se desarrolla desde algunos años con visión de futuro especialmente empresarial y con inspiraciones de Canary Wharf (punto recomendable en una visita a Londres y que espero comentar en otro momento) aunque a más pequeña escala. Entre el origen de Little Venice y la estación de Paddington han aparecido zonas de oficinas en medio de los canales. Una muestra más de la capacidad que tiene Londres para mezclar estilos completamente diferentes sin que sufra la geografía urbana –por lo menos no en exceso-.

Londoncolumn fixes:

Si estando en la City con los niños te quedas sin ideas –que ya es difícil- no es mal plan acercarse a un teatro de marionetas: Puppet Theatre Barge

jueves, 11 de noviembre de 2010

Transport for London (II): Bus


Me gustan los autobuses de dos pisos de Londres. Aunque en realidad están en muchas ciudades de Reino Unido y de Irlanda, lo cierto es que son un referente de la capital inglesa. Parecido a las cabinas en las que todos los visitantes se hacen una fotografía, algo casi obligatorio -a lo que todavía me resisto- en la visita a la City, como la peregrinación a Harrods –en esto sí he caído, especialmente en los sándwiches de su Food Hall-.

El autobús es distinto, una interesante forma de conocer la ciudad. No dudo de los específicos para turistas, pero algunas rutas merecen la pena, como la 254 que baja desde Hackney hasta la City, un camino para disfrutar el cambio entre los barrios del este y las torres financieras que controlan el capital de medio mundo. Un buen pasatiempo… cuando se puede, el número de paradas que hay en una misma calle es astonishing. Hay que tener mucho –pero mucho- tiempo para utilizarlo de forma regular. Y eso que el abono semanal para todos los autobuses de la ciudad (que son unos cuantos) cuesta poco más de 16 libras (una ganga).

La primera línea regular de la capital comenzó el 4 de julio de 1829, recorría el trayecto entre Paddington y Bank (Oeste-Este). Un carruaje tirado por caballos que se siguió utilizando hasta 1914, ya con un piso superior al descubierto. Seguramente uno de los más míticos es el llamado Routemaster, con su entrada trasera abierta. Todavía se puede ver alguno por el centro –en las rutas 15 y 9-, mantenidos para disfrute de los nostálgicos. Y hace poco presentaban el nuevo modelo “tres puertas” que recupera entrada y escalera trasera, una interesante adaptación del modelo anterior.

Sinceramente, con lo apasionada de Inglaterra que es Esperanza Aguirre no entiendo cómo todavía no ha intentado copiarlo. Quizá demasiado atrevido, pero tendría curiosidad por verlos en Madrid ahora que Gallardón ha pintado los autobuses de azul.

Londoncolumn fixes:

-Alquilar un autobús es posible, pero no siempre recomendable; casi mejor disfrutar de un clásico reconvertido en restaurante vegetariano durante la visita –obligada- a Brick Lane.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Una granja en la City


En Londres gusta mucho lo orgánico, lo natural, lo ecológico… por eso en el supermercado triunfan los precocinados-preparados de todo tipo. De hecho, en ocasiones es prácticamente imposible comprar algún alimento para cocinar en casa (me remito al M&S de Paddington Station). Todo está dirigido al microondas o al horno. Imagino que los consumidores estarán convencidos de que los productos envueltos en plástico han sido recogidos siguiendo las prácticas tradicionales para ser envasados y que no pierdan ninguna de sus propiedades.

Una vuelta de tuerca a lo ecológico –que es moderno- y surge FARM: shop. Una granja-tienda-meeting point. Peces, gallinas poniendo huevos, vegetales –tomates cherry (no podían ser otros), pimientos, albahaca, orégano…- y a final de año incluso cerdos. Todo distribuido en dos plantas y exteriores, y preparado para su venta de viernes a domingo. También se nutrirán de granjas de Hertfordshire para la carne. A la vez, charlas, tertulias, encuentros con expertos (palabra que cada vez significa menos) para aprender y debatir, cambiar opiniones, sobre la viabilidad de los diferentes tipos de cultivo. Como se descuiden los propios invitados pueden acabar con la idea.

Localizado en Dalston Junction (al noreste de la ciudad), el ayuntamiento de Hackney ha cedido amablemente un edificio de tres plantas a este proyecto que pretende autofinanciarse con el dinero que recoja de la venta de sus productos, ecológicamente cuidados en medio de la ciudad. Un reto interesante a cuyo desarrollo habrá que estar atento… Mientras, nos conformaremos con las bolsas verdes del M&S.

martes, 2 de noviembre de 2010

Poppy Appeal


Cuando el 11 de noviembre de 1918 las tropas victoriosas comenzaban la vuelta a casa por los campos de Flandes era el color rojo de las amapolas lo único que alegraba su vista. Inspirado por el poema del médico del ejército canadiense John McCrae (*), un alto mando americano, Moina Michael, decidió tomar una de esas amapolas como recuerdo de los caídos. Su mujer recogió el testigo y empezó a venderlas entre sus amistades para recaudar dinero para los veteranos.

La idea se extendió también a Gran Bretaña, donde se empezaron a vender reproducciones artificiales desde 1921. Un año después el Mayor George Howson creó la Disabled Society que se encargaría de la producción de poppies como medio de recaudar fondos para los militares, hombres y mujeres, que participaron en la Primera Guerra Mundial. Para ello emplearía a los propios mutilados del conflicto.

Hoy son cientos de personas, voluntarios de la Royal British Legion, los que salen a la calle con una caja de poppies y una pequeña hucha para recaudar fondos para los militares (y sus familias) que han luchado por Gran Bretaña. Normalmente se pueden adquirir unos sencillos ejemplares por una o dos libras, y por cinco una poppy más elaborada o un pin. Todas, para llevar en la solapa.

Pero las posibilidades de recordar a los caídos no acaban ahí… Miles de amapolas dedicadas llenan cada año los campos alrededor de la ciudad de Ypres –destruida durante la Guerra-. Algo parecido pasa con las cruces que se plantan en los alrededores de la abadía de Westminster.

Como pasa con otras tradiciones también hay discrepancias a la hora de ponerlas en práctica. Los puristas aseguran que la amapola debe llevarse en la solapa desde el día 30 de octubre hasta el Remembrance Sunday (este año el 14 de noviembre). Que los presentadores de la BBC o incluso el vice primer ministro Nick Clegg aparecieran con ella una semana antes ha hecho que más de uno eleve la voz por la ruptura con la tradición. No piensan lo mismo desde la Royal British Legion, quienes argumentan que nunca es demasiado pronto para llevarlas.



(*) Dejo, a continuación, el poema de John McCrae:

In Flanders fields the poppies blow
Between the crosses, row on row
That mark our place; and in the sky
The larks, still bravely singing, fly
Scarce heard amid the guns below.

We are the Dead. Short days ago
We lived, felt dawn, saw sunset glow,
Loved and were loved, and now we lie
In Flanders fields.

Take up our quarrel with the foe:
To you from failing hands we throw
The torch; be yours to hold it high.
If ye break faith with us who die
We shall not sleep, though poppies grow
In Flanders fields.

martes, 26 de octubre de 2010

Dickens's House


No tengo claro el dinero que llegó a ganar Charles Dickens (1812-1870), pero a juzgar por su casa de Doughty Street en Londres –donde vivió desde la primavera de 1837 hasta finales de 1839- las cosas no le irían muy mal. Aunque parece que sus sirvientes (cuatro en aquella época) no pensaban lo mismo y se quejaban de las estrecheces de sus estancias. Algo que en la actualidad no se puede comprobar, sólo se conserva lo que sería el lugar destinado al fregadero.
Acogedora y no muy grande, sorprende que el comedor cupieran catorce comensales. Y de hecho lo usaba con frecuencia, entre otras cosas para alardear de su buena cocina y su éxito. Supongo que luego les mandaría a casa, porque quitando el salón del primer piso sería complicado colocar a tanta gente. Por supuesto la decoración del Drawing room tampoco es nueva.
Se conserva, eso sí, el escritorio sobre el que escribía sus obras. Una suerte encontrar una pieza de este calibre en la casa museo en la que escribió su obra Oliver Twist. En realidad de lo poco que queda, su habitación no da para mucho, alguien ha debido pensar que se podría llenar con exposiciones temporales totalmente innecesarias. Al menos se puede contemplar la estancia de Mary Hogart, su cuñada, incluida la cama donde murió con 17 años. Tanto marcó al escritor su repentino fallecimiento que el personaje de Little Nell (en la obra The Old Curiosity Shop) está inspirado en Hogart.
Curiosamente tampoco hay rastro de la presencia de los niños. Llegó con el mayor, Charles, pero a su marcha al barrio de Marylebone ya habían nacido Mary y Katey.
Típica casa georgiana, no es uno de los mejores ejemplos de museos-residencia que existe en Londres. La metrópoli es rica en vecinos famosos y muchas de sus casas están abiertas al público. Merece la pena asesorarse bien, en ocasiones no queda más que la fachada y el nombre de su prestigioso ex-residente

domingo, 26 de septiembre de 2010

PON-MAD-LHR-MAD

Hace algunas semanas compraba mis primeros billetes para ir unos días a casa (a una de ellas, porque en realidad tengo varias y sin haber pagado hipoteca, afortunado que es uno). Me hacía gracia pensar cómo en menos de un año he cambiado la ruta Ponferrada-Madrid por la de Londres-Madrid.
En principio el sistema es parecido, te conectas a Internet, buscas los billetes, compras, e introduces el número de tarjeta de cliente…
Ahí se empiezan a notar los cambios. Tener una tarjeta Alsa Plus está muy bien, pero introducir los números de Iberia Plus da cierto caché, aunque posiblemente menos ventajas.
Luego está el momento del viaje. Llegar a la estación de autobuses de Ponferrada no puede compararse a coger el avión en el aeropuerto de Heathrow, aunque para la primera fuera andando 5 minutos antes de salir el autobús y para el segundo tenga que coger el tren y tarde entre 25 minutos y una hora. Sin entrar en el apartado “ves con una o dos horas de antelación, factura, pasa por el detector, enseña el ordenador, reza porque no haya retraso…, etc”.
Las presentaciones también cambian, ya no escucharé eso de “el conductor, Paco, y quien les habla, Sonia, estamos a su disposición para lo que necesiten y les deseamos un buen viaje”. Ahora tendré una performance para saber cómo tengo que actuar en el unlikely event de que el avión empiece a caer y tenga que ponerme el chaleco salvavidas, o simplemente me lo explicarán en un vídeo.
Pensaba también que podría perder la comida pero en mi viaje a Edimburgo comprobé que BA cuida a sus pasajeros. Las mediasnoches con chorizo que daban en el Alsa Supra (“a mitad de camino les serviremos un tentempié acompañado de bebida”, decía la azafata) tenían su punto y solían alimentarme los viernes. Pero la compañía inglesa –que pronto será también española- ofrece a sus clientes una buena gama de bebidas y algo de comida en sus viajes, un lujo en estos tiempos.
Por desgracia sí perderé Internet. Los viajes de 4 horas a Madrid se hacían mucho más llevaderos con la posibilidad de conectarme a la red. Ahora tendré que pagar una pasta si quiero engancharme en el aeropuerto a la mal llamada “BTOpenzone”.
También cambian las lecturas. Dejamos de lado periódicos de fama mundial como Diario de León o La Crónica para quedarnos con los provincianos The Times o Financial Times.
El tiempo prácticamente se mantiene, cosas de la técnica…
Y no nos engañemos… en el fondo siempre quedará mejor coger un avión –incluso de bajo coste- que eso de tener que pillar el bus (por muy hippies que sean algunos).
Aunque sigo prefiriendo el tren, el momento del despegue me parece una muestra de modernidad y progreso. No conviene perdérselo.

I’m looking forward to seeing you


Londoncolumn fixes:

-Atención al cliente abordo. Un punto para BA. La única diferencia entre bajo coste y compañías de bandera no podía estar sólo en el dinero. En el fondo da pena la futura desaparición de Iberia –si se consuma-, pero ganaremos en el servicio.

miércoles, 4 de agosto de 2010

"Pubses"

En menos de una semana he estado prácticamente en más pubs que en todo el tiempo que llevo en Londres. En realidad no es tan raro. Mis primeros pasos cuando cambio de ciudad suelen ser bastante tranquilos: trabajo, trabajo -o intento de-, conocer un poco la ciudad, casa, algo de tele o series por Internet, lectura y contemplación… Una vez que me voy haciendo con el paisaje y los personajes la cosa va tomando otra tónica: trabajo, trabajo, cañas, tapas, cañas, copas, trabajo, casa, lectura, trabajo… Algo que, por otra parte, suele ser común en el mundo periodístico. Creo que no conozco a ningún periodista al que le guste quedarse encerrado en casa… Me pierdo…

Como iba escribiendo, en unos días he pasado por más pubs que en un mes. En realidad el motivo es la llegada de una amiga que me ha ayudado a airearme un poco, no demasiado porque ha coincidido con un leve “despegue” laboral que espero se mantenga aunque me fastidie las visitas que tengo durante este mes. Anyway, pubs, he ahí la cuestión. Sitios, en mi modesta opinión, con encanto.

Sí, es posible que todos guarden la misma estética pero no dejan de tener un cierto encanto, con su aspecto antiguo, sus maderas, sus chimeneas –en algunos casos-, sus jarras y cuadros, bueno, y la moqueta (lo de esta gente con la moqueta empieza a resultarme digno de estudio por mucho calor que proporcione). Por supuesto, los borrachos ocupan un lugar especial y un tono más alto conforme van pasando las horas y los días de la semana. Da la sensación de que las vidas giran en torno a dos lugares: oficina y pub (la casa es algo secundario, y a juzgar por el aspecto de muchas debe ser así). Y, como mandan los cánones puritanos, sitios sin humo… “Bebe como un animal pero no fumes que es malo para la salud”, básicamente ese es el mensaje.

Estoy seguro de que en invierno se convertirán en sitios realmente acogedores, sobre todo después del gran descubrimiento de la sidra… Teniendo en cuenta que la cerveza inglesa no es de las mejores –nunca, repito, nunca, probéis la London Pride-, y que a mi su ingesta me llena bastante, encontrar la sidra ha sido mi salvación: refrescante, ligera y con alcohol…

¡Ah! Y si os da por probar el aguante en plan teenager (cosa no tan rara por estos lares) olvidad las pintas, probad con Jack, Johnnie o Tanqueray, en fin, con algo serio.


Londoncolumn fixes:

-Be healthy: está muy bien eso de comer cosas sanas y hacer deporte y que a los obesos les llamen gordos a ver si así se dan cuenta de que tienen un puto –paso de p***- problema con su cuerpo… Pero, ¿qué tal si también animamos a la gente a coger un cuchillo y cortar unas verduras, echar unas gotas de aceite en una sartén y cuando esté caliente echar dichas verduras…? En algunos países a eso se le llama cocinar. No requiere mucho tiempo y supone un ahorro de both dinero y grasas con respecto a los platos preparados/precocinados o simplemente envasados.

-Monocle Mediterraneo: un must del verano y una muestra de que el papel seguirá existiendo siempre como soporte periodístico… de calidad. Aportaciones interesantes para el verano en un formato que es, en palabras del propio Brûlé un statement anti-iPad, menos mal que hay alguien que se atreve. Sorprende gratamente que en este país de consumir y tirar haya gente que apueste por cuidar productos y clientes…, aunque eso se tenga que pagar.

P.D.: siento el retraso, pero asuntos laborales me tienen descolocado, menos mal que estamos en verano y la audiencia lo perdona todo.

martes, 27 de julio de 2010

Transport for London (I): Canterbury

Usar el transporte público es toda una experiencia, especialmente si estás en un rush o en un hurry… con una prisa que te cagas porque llegas tarde para variar. En esos casos es cuando compruebas si el transporte de una ciudad es reliable… Hecha la prueba creo que el de Londres no lo es del todo. No puedes pillar el Overground que está más cerca porque lo cortan los domingos, el metro tardará la vida al destino y el otro Overground llegará dentro de mucho, del bus olvídate. Menos mal que están los cab privados (los otros no los encontrarás cuando los necesitas) que te cobran un riñón por llevarte. Nada que objetar al transporte de media distancia, su puntualidad me ayudó a superar el record de “cogida de transporte en estación”. Subí segundos antes de que saliera el tren de St. Pancras, sólo superado por mi más directo competidor que cogió el AVE pasada la hora por un retraso, no sé si eso cuenta.



Anyway, un relativamente moderno tren me llevó en poco menos de una hora a Canterbury (South Eastern High-Speed) por un módico precio de 27’90 libras ida y vuelta [en cuestiones de precios seguiré el modelo Monocle que sólo utiliza una moneda, c/u que haga el cambio]. Canterbury, sede del “primado” de la iglesia anglicana en Inglaterra, es uno de los sitios que quería visitar desde que llegué a Londres. Está cerca y tiene cierto encanto romántico, en parte gracias a la obra de Chaucer. Por desgracia, creo que ese encanto ha decaído.

Demasiadas tiendas-cadenas de todo tipo se han hecho con gran parte de la oferta comercial. Por suerte queda gran parte de la muralla y las callejuelas que rodean la catedral, una maravilla que espero ver de nuevo cuando terminen con la obra. Olvídense de la Abadía de San Agustín. Increíble el partido que se le puede sacar a cuatro piedras. Una audio-guía (incluida en las 4’50 libras de entrada) te hace interesante el paseo alrededor de las escasas ruinas durante 15 minutos, a partir de ahí uno empieza a desear que termine hasta que ya pasa del asunto y se pira. Por supuesto, sólo se puede oír la explicación en inglés, francés y japonés… Tremendo.

En general el paseo merece la pena pero su enfoque a los turistas le ha hecho perder cierta gracia. Por suerte quedan algunos rincones. The Goods Shed, pequeño mercado con productos de calidad a precio de pueblo, además se puede comer allí por un precio económico. No es mala idea llevarse algo de compra a casa. The Moat Tea Room, auténtico para tomar el té –también se puede comer-, las pastas y dulces varios merecen la pena, todo en un ambiente de lo más acogedor; lástima que cierren a las 17.00 los domingos. De hecho, a partir de esa hora es algo complicado encontrar un café regentado por lugareños. Que sólo se pueda entrar a un pub o a un Starbucks es un crimen.

Por cierto, muchos billetes son válidos para los numerosos trenes que unen London con Canterbury de primera hora de la mañana a última de la tarde… Es decir, no hace falta correr, ni pillar un cab.


London-column fix:

-Relations: me comentaba Phillip Blond –uno de los pensadores más influyentes en el Gobierno actual- cómo UK tenía que recuperar sus valores, principalmente las relaciones entre los ciudadanos. “La comunidad más débil de los años 70 era más fuerte que la más consolidada en la actualidad”. No le falta razón. Sorprenden y causan extrañamiento algunas caras de repugnancia –tal cual- que muestran algunos pobres habitantes de este gris país, por no hablar de los vecinos que se cruzan sin dirigirse la palabra.

martes, 20 de julio de 2010

Power Shower

Poco antes de venir a Londres pensaba en las cosas que podrían llamarme la atención. Lugares típicos, variedad de comida (ya hablaré de la comida en otro momento), multiculturalismo –que parece cada vez más criticado por algunos aquí en UK-, parques y zonas verdes por todas partes, el famoso metro –por ahora pienso que funciona bastante bien-, y aunque no soy muy de conciertos y demás si me intrigaba la variedad de espectáculos que se supone ofrece la ciudad, y no me ha defraudado, hay que tener paciencia para mirar la cartelera, lo he hecho una vez y volver a pensarlo me da pereza.

En realidad también pensaba que podría haber algunas sorpresas en la vida diaria…, pero nunca llegué a imaginar que algo tan simple como una ducha podría dar tanto juego, bueno, en realidad no es tan simple, estamos hablando de una power shower!!! (léase tipo anuncio teletienda de 3.00 am). Todavía me acuerdo de las risas que me eché con una italiana el domingo pasado hablando de la “famosa” power shower durante la celebración del Mundial en casa de un amigo.

También recuerdo que cuando mi casera me hablaba de la ducha yo debía estar poniendo cara de incredulidad o, más bien, de no saber muy bien qué me quería decir con eso del power. No sé, pensaba que saldría por ahí una especie de catarata que sería muy relajante, o algo así… Luego pude comprobar que no había mucha diferencia con las duchas de España. Después de haber probado unas cuantas, sin ser power, creo que como poco tienen la misma presión que en Londres… Aunque por aquí no lo crean…

Hace unos días se estropeó el power, y nos quedamos sin agua caliente en la ducha. Hablando sobre el asunto le explicaba a mi landlady que en mi país –creo que sí es capaz de situarlo en el mapa- no tenemos ningún aparato especial para la ducha (joder, tiene un armario con dos bidones –agua caliente y fría- y un montón de tuberías para dar presión al agua, ¡es increíble!) y sale con la misma presión. Luego pensé que a lo mejor fui algo brusco comentándolo porque me parece que ponía cara de “¿me estás diciendo que mi súper ducha es una mierda?”… Claro que, según ella me comentó, en otros barrios de Londres no necesitan nada porque están más bajos… Y todavía tengo suerte porque me han contado cosas peores de la capital de uno de los 8 países más industrializados del mundo… Ahora entiendo que aquí lo de la higiene sea tan complicado. Te-li-ta.

Visto lo visto, los fontaneros de Madrid son auténticos genios…

Londoncolumn fixes

-Regent Street: unión de los puntos más visitados de Londres, Oxford Street y Picadilly sin embargo mantiene un nivel de turismo considerablemente más bajo. Incomprensible y agradable. Los edificios, la gran gama y variedad de tiendas, y por supuesto, la Apple Store, la convierten en un sitio obligado para alguien que quiera both dar un paseo por una zona turística sin agobios y make the most con su dinero, especialmente en rebajas.

-Sky News: la primera semana me ha servido para darme cuenta de lo que significa "periodismo amarillo"... 24 horas cubriendo la persecución de un "julay" que había disparado a tres personas. Prácticamente entrevistaron a todos los vecinos del pueblo por el que estaba escondido. Si son capaces de hacer eso cuando no hay noticia me pregunto qué podrían conseguir con temas verdaderamente importante. Creo que no lo llegaré a ver.

miércoles, 14 de julio de 2010

Looking for a "flat"

Abro este nuevo blog cuando se cumplen dos semanas de la llegada a Londres –ciudad moderna por excelencia-, y cuando queda X tiempo para la vuelta a Madrid. A diferencia de los anteriores no pretendo ni hacer comentarios políticos ni escribir a diario. Básicamente, la idea es poder dar una visión de esta ciudad o, espero que el tiempo me lo permita, del resto de UK (aunque parezca mentira, en Reino Unido hay algo más que Londres, y en Inglaterra también).

Camino de London –o Westminster, que en realidad es mucho más grande- uno se da cuenta, para empezar, que no es necesario tener un gran nivel de inglés, sólo hace falta escuchar a algunos miembros de la tripulación de EasyJet. Lo importante, básicamente, es que exista comunicación. Lo segundo que uno puede apreciar, si no lo sabía antes, es que va a ser difícil encontrar ciudadanos ingleses con los que mantener una conversación. Eso sí, puedes hablar con asiáticos, europeos varios –fundamentalmente del Este-, africanos, algún que otro sudamericano y, por supuesto, españoles.

Dicho esto, la llegada no tiene por qué ser tan mala. Todo depende de lo que uno vaya hacer y con la gente con la que se tope. Palabras como “estudiante” o jobseeker implican automáticamente desconfianza, especialmente en momentos de crisis –“lo siento amigo pero no quiero problemas, y el landlord menos” decía la cara de una real estate agent ucraniana a un pavo sudamericano al que le enseñaba un “piso”. Hay palabras y actitudes que te complican la vida. Importante no pronunciarlas y aparentar que controlas la situación y que el dinero no es tu problema. Por supuesto, los que te miran con desconfianza son todos extranjeros (o lo fueron sus padres).

Sin embargo, eso no siempre sirve. Ejemplo: esperas más de 20 minutos a un landlord y de repente aparece un gordo hablando por teléfono, con la camisa prácticamente desabrochada –probablemente salido de un pub- y te pregunta si quieres piso como si fuera a vender droga; cuando le miras sorprendido por las pintas te pregunta si has bebido –pregunta que también te haces, pero no la haces-; y cuando dices que llega tarde vuelve a coger el teléfono para decir a su interlocutor que estás discutiendo…, y se pira. Como tipejos hay en todos lados, te vas y sigues buscando “piso”.

La búsqueda -que durará según dos factores: dinero y paciencia (el orden es indiferente)-, es ideal para conocer un poco la ciudad y aprovechar para degustar algunas de las múltiples cocinas internacionales que hay en ella a un precio asequible. El resto es algo de suerte y de trabajo, además de las páginas web, foros y redes sociales se utilizan para ofertar viviendas, o habitaciones. Eso sí, voto por la modalidad “facturas incluidas” porque luego vienen las sorpresas.


Londoncolumn fixes:

-Limpieza: nadie duda de la elegancia de muchos edificios londinenses pero un lavado de cara de las fachadas haría ganar muchos puntos. Los esfuerzos por no ensuciar darían mejores resultados combinados con trabajos de limpieza. Todo luciría mejor… a pesar de las nubes.

-Gatwick: increíble ejemplo de eficacia el del aeropuerto con más operaciones del mundo con una única pista. El número de viajeros (más de 32 millones al año), la distancia del centro de la ciudad (30 minutos en tren) y el proceso de overhaul al que está siendo sometido debería hacer pensar a BAA Heatrhow.