He tardado en pasar por Tower Bridge… y si me arrepiento no es tanto por ver el puente, que tiene su gracia, cuanto por lo que se puede ver por la ribera sur del río camino a Greenwich. La relación de Londres con el mar parece mucho más natural que algunos puertos españoles (entrada y base del Mediterráneo, por ejemplo) en los que sólo recientemente se ha intentado recuperar o construir vínculos que vayan más allá de la temporada veraniega.
No pasa eso en la capital británica y merece la pena disfrutarlo. Quizá en un día gris se puede percibir mejor ese ambiente marino que reflejan las vigas de madera de los malecones, tablones que antes soportaban casas de mala muerte y hoy siguen hundidos en el fango por el peso de las viviendas que sólo en apariencia mantienen ese pasado portuario (los interiores y los precios reflejan claramente que sus dueños tienen una ocupación más respetada).
Los pubs son otra de las cosas más recomendables por la zona cercana a Rotherithe –y aquí se incluye también Wapping, olvidando por un momento esa galería-cafetería moderna-. El hecho de que no tengan televisión dice ya mucho. Sólo conversación, por favor, o vistas al agua o perdidas por un momento… en silencio. Buen ejemplo de que estos “centros sociales” conservan un toque especial que erróneamente se intenta reproducir en el extranjero (léase España) por muy irlandés que sea el nombre.
Hay varios, y todos merecen la pena (algunos tienen historias de ajusticiamiento a la ribera del río), pero me quedo con uno –influencia que no evitaré-... Desde el Mayflower zarparon en 1620 los Padres Fundadores –peregrinos- que, asustados de la podredumbre social que se apoderó de esta tierra, decidieron montar su utopía al otro lado del Atlántico. No puedo imaginar lo que habrían hecho de vivir en la actualidad… Todavía guarda mucho de ese encanto en los espacios reducidos aprovechados al máximo y sus toques marineros en las paredes.
Tendré que volver en verano o primavera, cuando la luz sea otra, y permita mirar con claridad desde su embarcadero a la “tierra prometida” –en dirección opuesta, curiosamente- y recordar, imaginar y disfrutar, saborear con calma…
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