Resulta curioso lo que pasa con esta zona de Londres. Aunque es casi desconocida por los turistas, supongo que por falta de publicidad, todos los que pasan cierto tiempo en la ciudad y la conocen la recuerdan siempre. Quizá su pintoresquismo, su tranquilidad (nada que ver con el masificado Hyde Park, increíble el número de corredores) y el encanto de su recorrido.
Situada a las espaldas de la estación de Paddington, aunque la estación de Underground es Warwick Avenue, la llamada Little Venice no es más que la unión del Regent’s Canal –abierto en 1820- y el Grand Union Canal –reorganizado un siglo después-. Sin ocupar una gran extensión permite un paseo tranquilo y disfrutar de alguna bebida en el Waterside-Café (una de las numerosas barcas que abundan por el canal que alguien decidió convertir en cafetería) o incluso degustar la comida típica inglesa –sí, existe, cuando tenga más experiencia le dedicaré algunas líneas-.
Nombrada probablemente así por el poeta Robert Browning (s. XIX), la zona se desarrolla desde algunos años con visión de futuro especialmente empresarial y con inspiraciones de Canary Wharf (punto recomendable en una visita a Londres y que espero comentar en otro momento) aunque a más pequeña escala. Entre el origen de Little Venice y la estación de Paddington han aparecido zonas de oficinas en medio de los canales. Una muestra más de la capacidad que tiene Londres para mezclar estilos completamente diferentes sin que sufra la geografía urbana –por lo menos no en exceso-.
Londoncolumn fixes:
Si estando en la City con los niños te quedas sin ideas –que ya es difícil- no es mal plan acercarse a un teatro de marionetas: Puppet Theatre Barge
lunes, 15 de noviembre de 2010
jueves, 11 de noviembre de 2010
Transport for London (II): Bus

Me gustan los autobuses de dos pisos de Londres. Aunque en realidad están en muchas ciudades de Reino Unido y de Irlanda, lo cierto es que son un referente de la capital inglesa. Parecido a las cabinas en las que todos los visitantes se hacen una fotografía, algo casi obligatorio -a lo que todavía me resisto- en la visita a la City, como la peregrinación a Harrods –en esto sí he caído, especialmente en los sándwiches de su Food Hall-.
El autobús es distinto, una interesante forma de conocer la ciudad. No dudo de los específicos para turistas, pero algunas rutas merecen la pena, como la 254 que baja desde Hackney hasta la City, un camino para disfrutar el cambio entre los barrios del este y las torres financieras que controlan el capital de medio mundo. Un buen pasatiempo… cuando se puede, el número de paradas que hay en una misma calle es astonishing. Hay que tener mucho –pero mucho- tiempo para utilizarlo de forma regular. Y eso que el abono semanal para todos los autobuses de la ciudad (que son unos cuantos) cuesta poco más de 16 libras (una ganga).
La primera línea regular de la capital comenzó el 4 de julio de 1829, recorría el trayecto entre Paddington y Bank (Oeste-Este). Un carruaje tirado por caballos que se siguió utilizando hasta 1914, ya con un piso superior al descubierto. Seguramente uno de los más míticos es el llamado Routemaster, con su entrada trasera abierta. Todavía se puede ver alguno por el centro –en las rutas 15 y 9-, mantenidos para disfrute de los nostálgicos. Y hace poco presentaban el nuevo modelo “tres puertas” que recupera entrada y escalera trasera, una interesante adaptación del modelo anterior.
Sinceramente, con lo apasionada de Inglaterra que es Esperanza Aguirre no entiendo cómo todavía no ha intentado copiarlo. Quizá demasiado atrevido, pero tendría curiosidad por verlos en Madrid ahora que Gallardón ha pintado los autobuses de azul.
Londoncolumn fixes:
-Alquilar un autobús es posible, pero no siempre recomendable; casi mejor disfrutar de un clásico reconvertido en restaurante vegetariano durante la visita –obligada- a Brick Lane.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Una granja en la City
En Londres gusta mucho lo orgánico, lo natural, lo ecológico… por eso en el supermercado triunfan los precocinados-preparados de todo tipo. De hecho, en ocasiones es prácticamente imposible comprar algún alimento para cocinar en casa (me remito al M&S de Paddington Station). Todo está dirigido al microondas o al horno. Imagino que los consumidores estarán convencidos de que los productos envueltos en plástico han sido recogidos siguiendo las prácticas tradicionales para ser envasados y que no pierdan ninguna de sus propiedades.
Una vuelta de tuerca a lo ecológico –que es moderno- y surge FARM: shop. Una granja-tienda-meeting point. Peces, gallinas poniendo huevos, vegetales –tomates cherry (no podían ser otros), pimientos, albahaca, orégano…- y a final de año incluso cerdos. Todo distribuido en dos plantas y exteriores, y preparado para su venta de viernes a domingo. También se nutrirán de granjas de Hertfordshire para la carne. A la vez, charlas, tertulias, encuentros con expertos (palabra que cada vez significa menos) para aprender y debatir, cambiar opiniones, sobre la viabilidad de los diferentes tipos de cultivo. Como se descuiden los propios invitados pueden acabar con la idea.
Localizado en Dalston Junction (al noreste de la ciudad), el ayuntamiento de Hackney ha cedido amablemente un edificio de tres plantas a este proyecto que pretende autofinanciarse con el dinero que recoja de la venta de sus productos, ecológicamente cuidados en medio de la ciudad. Un reto interesante a cuyo desarrollo habrá que estar atento… Mientras, nos conformaremos con las bolsas verdes del M&S.
martes, 2 de noviembre de 2010
Poppy Appeal
Cuando el 11 de noviembre de 1918 las tropas victoriosas comenzaban la vuelta a casa por los campos de Flandes era el color rojo de las amapolas lo único que alegraba su vista. Inspirado por el poema del médico del ejército canadiense John McCrae (*), un alto mando americano, Moina Michael, decidió tomar una de esas amapolas como recuerdo de los caídos. Su mujer recogió el testigo y empezó a venderlas entre sus amistades para recaudar dinero para los veteranos.
La idea se extendió también a Gran Bretaña, donde se empezaron a vender reproducciones artificiales desde 1921. Un año después el Mayor George Howson creó la Disabled Society que se encargaría de la producción de poppies como medio de recaudar fondos para los militares, hombres y mujeres, que participaron en la Primera Guerra Mundial. Para ello emplearía a los propios mutilados del conflicto.
Hoy son cientos de personas, voluntarios de la Royal British Legion, los que salen a la calle con una caja de poppies y una pequeña hucha para recaudar fondos para los militares (y sus familias) que han luchado por Gran Bretaña. Normalmente se pueden adquirir unos sencillos ejemplares por una o dos libras, y por cinco una poppy más elaborada o un pin. Todas, para llevar en la solapa.
Pero las posibilidades de recordar a los caídos no acaban ahí… Miles de amapolas dedicadas llenan cada año los campos alrededor de la ciudad de Ypres –destruida durante la Guerra-. Algo parecido pasa con las cruces que se plantan en los alrededores de la abadía de Westminster.
Como pasa con otras tradiciones también hay discrepancias a la hora de ponerlas en práctica. Los puristas aseguran que la amapola debe llevarse en la solapa desde el día 30 de octubre hasta el Remembrance Sunday (este año el 14 de noviembre). Que los presentadores de la BBC o incluso el vice primer ministro Nick Clegg aparecieran con ella una semana antes ha hecho que más de uno eleve la voz por la ruptura con la tradición. No piensan lo mismo desde la Royal British Legion, quienes argumentan que nunca es demasiado pronto para llevarlas.
(*) Dejo, a continuación, el poema de John McCrae:
In Flanders fields the poppies blow
Between the crosses, row on row
That mark our place; and in the sky
The larks, still bravely singing, fly
Scarce heard amid the guns below.
We are the Dead. Short days ago
We lived, felt dawn, saw sunset glow,
Loved and were loved, and now we lie
In Flanders fields.
Take up our quarrel with the foe:
To you from failing hands we throw
The torch; be yours to hold it high.
If ye break faith with us who die
We shall not sleep, though poppies grow
In Flanders fields.
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