Anyway, un relativamente moderno tren me llevó en poco menos de una hora a Canterbury (South Eastern High-Speed) por un módico precio de 27’90 libras ida y vuelta [en cuestiones de precios seguiré el modelo Monocle que sólo utiliza una moneda, c/u que haga el cambio]. Canterbury, sede del “primado” de la iglesia anglicana en Inglaterra, es uno de los sitios que quería visitar desde que llegué a Londres. Está cerca y tiene cierto encanto romántico, en parte gracias a la obra de Chaucer. Por desgracia, creo que ese encanto ha decaído.
Demasiadas tiendas-cadenas de todo tipo se han hecho con gran parte de la oferta comercial. Por suerte queda gran parte de la muralla y las callejuelas que rodean la catedral, una maravilla que espero ver de nuevo cuando terminen con la obra. Olvídense de la Abadía de San Agustín. Increíble el partido que se le puede sacar a cuatro piedras. Una audio-guía (incluida en las 4’50 libras de entrada) te hace interesante el paseo alrededor de las escasas ruinas durante 15 minutos, a partir de ahí uno empieza a desear que termine hasta que ya pasa del asunto y se pira. Por supuesto, sólo se puede oír la explicación en inglés, francés y japonés… Tremendo.
En general el paseo merece la pena pero su enfoque a los turistas le ha hecho perder cierta gracia. Por suerte quedan algunos rincones. The Goods Shed, pequeño mercado con productos de calidad a precio de pueblo, además se puede comer allí por un precio económico. No es mala idea llevarse algo de compra a casa. The Moat Tea Room, auténtico para tomar el té –también se puede comer-, las pastas y dulces varios merecen la pena, todo en un ambiente de lo más acogedor; lástima que cierren a las 17.00 los domingos. De hecho, a partir de esa hora es algo complicado encontrar un café regentado por lugareños. Que sólo se pueda entrar a un pub o a un Starbucks es un crimen.
Por cierto, muchos billetes son válidos para los numerosos trenes que unen London con Canterbury de primera hora de la mañana a última de la tarde… Es decir, no hace falta correr, ni pillar un cab.
London-column fix:
-Relations: me comentaba Phillip Blond –uno de los pensadores más influyentes en el Gobierno actual- cómo UK tenía que recuperar sus valores, principalmente las relaciones entre los ciudadanos. “La comunidad más débil de los años 70 era más fuerte que la más consolidada en la actualidad”. No le falta razón. Sorprenden y causan extrañamiento algunas caras de repugnancia –tal cual- que muestran algunos pobres habitantes de este gris país, por no hablar de los vecinos que se cruzan sin dirigirse la palabra.