Cuando el 11 de noviembre de 1918 las tropas victoriosas comenzaban la vuelta a casa por los campos de Flandes era el color rojo de las amapolas lo único que alegraba su vista. Inspirado por el poema del médico del ejército canadiense John McCrae (*), un alto mando americano, Moina Michael, decidió tomar una de esas amapolas como recuerdo de los caídos. Su mujer recogió el testigo y empezó a venderlas entre sus amistades para recaudar dinero para los veteranos.
La idea se extendió también a Gran Bretaña, donde se empezaron a vender reproducciones artificiales desde 1921. Un año después el Mayor George Howson creó la Disabled Society que se encargaría de la producción de poppies como medio de recaudar fondos para los militares, hombres y mujeres, que participaron en la Primera Guerra Mundial. Para ello emplearía a los propios mutilados del conflicto.
Hoy son cientos de personas, voluntarios de la Royal British Legion, los que salen a la calle con una caja de poppies y una pequeña hucha para recaudar fondos para los militares (y sus familias) que han luchado por Gran Bretaña. Normalmente se pueden adquirir unos sencillos ejemplares por una o dos libras, y por cinco una poppy más elaborada o un pin. Todas, para llevar en la solapa.
Pero las posibilidades de recordar a los caídos no acaban ahí… Miles de amapolas dedicadas llenan cada año los campos alrededor de la ciudad de Ypres –destruida durante la Guerra-. Algo parecido pasa con las cruces que se plantan en los alrededores de la abadía de Westminster.
Como pasa con otras tradiciones también hay discrepancias a la hora de ponerlas en práctica. Los puristas aseguran que la amapola debe llevarse en la solapa desde el día 30 de octubre hasta el Remembrance Sunday (este año el 14 de noviembre). Que los presentadores de la BBC o incluso el vice primer ministro Nick Clegg aparecieran con ella una semana antes ha hecho que más de uno eleve la voz por la ruptura con la tradición. No piensan lo mismo desde la Royal British Legion, quienes argumentan que nunca es demasiado pronto para llevarlas.
(*) Dejo, a continuación, el poema de John McCrae:
In Flanders fields the poppies blow
Between the crosses, row on row
That mark our place; and in the sky
The larks, still bravely singing, fly
Scarce heard amid the guns below.
We are the Dead. Short days ago
We lived, felt dawn, saw sunset glow,
Loved and were loved, and now we lie
In Flanders fields.
Take up our quarrel with the foe:
To you from failing hands we throw
The torch; be yours to hold it high.
If ye break faith with us who die
We shall not sleep, though poppies grow
In Flanders fields.
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