No tengo claro el dinero que llegó a ganar Charles Dickens (1812-1870), pero a juzgar por su casa de Doughty Street en Londres –donde vivió desde la primavera de 1837 hasta finales de 1839- las cosas no le irían muy mal. Aunque parece que sus sirvientes (cuatro en aquella época) no pensaban lo mismo y se quejaban de las estrecheces de sus estancias. Algo que en la actualidad no se puede comprobar, sólo se conserva lo que sería el lugar destinado al fregadero.
Acogedora y no muy grande, sorprende que el comedor cupieran catorce comensales. Y de hecho lo usaba con frecuencia, entre otras cosas para alardear de su buena cocina y su éxito. Supongo que luego les mandaría a casa, porque quitando el salón del primer piso sería complicado colocar a tanta gente. Por supuesto la decoración del Drawing room tampoco es nueva.
Se conserva, eso sí, el escritorio sobre el que escribía sus obras. Una suerte encontrar una pieza de este calibre en la casa museo en la que escribió su obra Oliver Twist. En realidad de lo poco que queda, su habitación no da para mucho, alguien ha debido pensar que se podría llenar con exposiciones temporales totalmente innecesarias. Al menos se puede contemplar la estancia de Mary Hogart, su cuñada, incluida la cama donde murió con 17 años. Tanto marcó al escritor su repentino fallecimiento que el personaje de Little Nell (en la obra The Old Curiosity Shop) está inspirado en Hogart.
Curiosamente tampoco hay rastro de la presencia de los niños. Llegó con el mayor, Charles, pero a su marcha al barrio de Marylebone ya habían nacido Mary y Katey.
Típica casa georgiana, no es uno de los mejores ejemplos de museos-residencia que existe en Londres. La metrópoli es rica en vecinos famosos y muchas de sus casas están abiertas al público. Merece la pena asesorarse bien, en ocasiones no queda más que la fachada y el nombre de su prestigioso ex-residente
El turismo de casas-museo cada vez me gusta más.
ResponderEliminarEn Madrid creo que hay unas cuantas pero lo de esta ciudad es tremendo.
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